Reporte de Vendimia 2018

El invierno se caracterizó por la alternancia de períodos cálidos y fríos, con una baja acumulación de horas con temperaturas por debajo de los 10 grados centígrados y con un acumulado de lluvias entre abril y agosto 42 % mayor que el promedio de los últimos años.

La brotación del viñedo se anticipó una semana respecto a lo normal y fue un poco desuniforme al principio, pero con el pasar de los días se fue uniformizando y normalizando el ciclo fenológico, sin registrarse eventos dañinos de heladas o granizos. Durante setiembre y octubre las lluvias fueron abundantes y no hubo restricciones para el desarrollo vegetativo hasta la floración, momento a partir del cual hubo un claro quiebre de la tendencia climática, comenzando a llover menos de lo normal y acumulando un déficit hídrico muy benéfico para la calidad de las uvas, el cual se mantendría hasta el último día de cosecha. Las precipitaciones en noviembre y diciembre fueron 45% menores a lo normal, incidiendo favorablemente en la regulación del vigor y el estado sanitario del cultivo. En enero continúo el déficit hídrico lloviendo 8 % menos que el promedio, y concentrado las precipitaciones en un solo evento a mediados del mes, desde ahí, momento en el que comienza la maduración de la mayoría de las variedades, y hasta finalizada la vendimia, no hubo ni una sola lluvia relevante, consolidando la seca más importante registrada en el país en los últimos años, y definiendo un escenario óptimo para la maduración de las uvas. La vendimia comenzó el 31 de enero y finalizó el 16 de marzo. Como resultado de este fantástico clima prácticamente todas las variedades tuvieron su mejor versión, explosivas en aromas, muy concentradas en azucares y color, ideal equilibrio con la acidez y óptima sanidad, lo que permitió extraer su máximo potencial. Sin lugar a dudas es una de las mejores vendimias de nuestra historia.

2018-11-07T08:29:08+00:00